Agonía
¡Estoy muriendo!!! Fue la frase que de él surgió. Le escucho y sigo caminando a través del maltrecho camino que permite detallar en su recorrido y hacer cada vez más cierta la realidad de esta premonición.
Todo el verdor que anteriormente inundaba el espacio del parque haciéndolo libre al espacio urbano se encuentra triste, desolado, no solo de personas, básicamente de vida; porque no puede haberla donde haya descuido, suciedad y contaminación. Pero no es ella la que quiere y busca estar así, parece mentira pero es el hombre quien la cambia, el ser que se autodenomina “civilizado”, cuya creatividad actual raya en lo absurdo porque construye destruyendo hábitat necesarios para el mismo; o, ¿se puede ser civilizado e ignorante al mismo tiempo o es que son hechos sinónimos? Por lo menos esta área lo demuestra en hechos. El hombre que construye-destruyendo a la naturaleza mutila sus propias posibilidades ulteriores, posibilidades que más tarde la misma vida les recordará y que por irresponsabilidad de él mismo no obtendrá.
Lo que hace en poco tiempo el hombre a la naturaleza le lleva años restaurar, pero quizás para ella fuese fácil si tomáramos consciencia ahora mismo, pero no una que dure unos minutos. Cambiemos la concepción de nuestro espacio temporal y que esos minutos sean eternos, infinitos para la toma de consciencia y la puesta en práctica de medidas por hombres conscientes de la importancia de estos espacios naturales y así tomar previsiones de medidas efectivas contra la gran plaga que tiene en su contra: nosotros mismos.
No solo es lo referente a la limpieza y mantenimiento de un área específica. Es la completa revalorización que esto requiere y tratar que el urbanismo no se convierta en la enfermedad terminal del ambiente y de la vida.
Luchemos para salvar HOY al Parque Albarregas y con él iniciemos un camino ascendente. Salvando de la destrucción natural a esta área, favorecemos a la zona y con ello a la ciudad, al país y finalmente al mundo, el cual con puro pavimento y edificios; sin árboles, flores y montañas seria insufrible
Dheyby Yolimar Quintero
Todo el verdor que anteriormente inundaba el espacio del parque haciéndolo libre al espacio urbano se encuentra triste, desolado, no solo de personas, básicamente de vida; porque no puede haberla donde haya descuido, suciedad y contaminación. Pero no es ella la que quiere y busca estar así, parece mentira pero es el hombre quien la cambia, el ser que se autodenomina “civilizado”, cuya creatividad actual raya en lo absurdo porque construye destruyendo hábitat necesarios para el mismo; o, ¿se puede ser civilizado e ignorante al mismo tiempo o es que son hechos sinónimos? Por lo menos esta área lo demuestra en hechos. El hombre que construye-destruyendo a la naturaleza mutila sus propias posibilidades ulteriores, posibilidades que más tarde la misma vida les recordará y que por irresponsabilidad de él mismo no obtendrá.
Lo que hace en poco tiempo el hombre a la naturaleza le lleva años restaurar, pero quizás para ella fuese fácil si tomáramos consciencia ahora mismo, pero no una que dure unos minutos. Cambiemos la concepción de nuestro espacio temporal y que esos minutos sean eternos, infinitos para la toma de consciencia y la puesta en práctica de medidas por hombres conscientes de la importancia de estos espacios naturales y así tomar previsiones de medidas efectivas contra la gran plaga que tiene en su contra: nosotros mismos.
No solo es lo referente a la limpieza y mantenimiento de un área específica. Es la completa revalorización que esto requiere y tratar que el urbanismo no se convierta en la enfermedad terminal del ambiente y de la vida.
Luchemos para salvar HOY al Parque Albarregas y con él iniciemos un camino ascendente. Salvando de la destrucción natural a esta área, favorecemos a la zona y con ello a la ciudad, al país y finalmente al mundo, el cual con puro pavimento y edificios; sin árboles, flores y montañas seria insufrible
Dheyby Yolimar Quintero
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