Vicent Van Gogh

Vicent Van Gogh representa dentro del mundo artístico quizás a uno de los artistas que mejor logra a través de sus pinturas interiorizar su alma y pensamiento aún mucho más allá de donde él mismo lo entendía y lo vivía.
Sus pinturas se subordinan a la mirada mágica e imperturbable de su inconciencia. Era hombre y artista, ser y esencia; dualidad requerida para la creación matérica de formas táctiles y visuales que lo encaminaran invariablemente a necesidades, sufrimientos, carestías y de todo aquello de lo que su vida estuvo plagada y que pudiera ser motor de motivación de la construcción de su último mundo.
Van Gogh es supremo, su color, sus formas, sus técnicas bien pueden encontrarse de pasada en otros pintores pero en él es otra cosa lo identifica y lo separa de lo común.
Vicent Van Gogh nace dos años después de su hermano anterior el que no sobrevive y del cual hereda su nombre y quizás su estigma. Es un grupo familiar muy religioso y donde tiene mucho amor. Sus padres son correspondidos por él, son sus cimientos.
Muchos de sus familiares han trabajado por generaciones como marchantes de arte y él siendo muy joven le corresponde seguir por esta vía, pero no la considera suya él prefiere seguir el camino de su padre y lo desea vehementemente. Pero no lo logra y como tantas veces vuelve a casa. Cada marca traumática de vida lo lleva al único sitio donde encontrará comprensión y cariño: su familia.
El amor filial lo conforta, pues tampoco tuvo mucha suerte en el amor de hombre. Dos desengaños, una unión con una mujer que fue prostituta y que si bien al principio lo ayuda luego se cansa y terminan separándose y por último, la esperanza final que no vio luz.
Van Gogh fue incomprendido por sus coetáneos, pero contó con quien lo sostendría no solo económicamente sino en lo más importante, en su estima. Su hermano Theo representó para él su pilar emocional y de innegable contacto con el mundo exterior que lo rechaza y lo discrimina. Theo siempre, aun en momento en que se contrariaba por las decisiones de Vicent, lo apoya y ayudaba. No lo desampara en ninguna circunstancia Lo amaba tanto que su nombre lo da a su primer hijo. Era un cariño fraternal de padre, de hijo y de hermano. Ambos mantienen correspondencia, la ausencia corporal se escuda en un sinnúmero de cartas entre ambos. Hablan de arte, de negocios, de vida. Leerlas aún hoy, motiva sentimientos difíciles de explicar, entonces ¿qué sentiría Theo ante tanta soledad, dificultades y penurias de su hermano? La necesidad de Theo de proteger a Vicent fue amplia y generosa. ¿De cuanto tuvo que privarse para apoyarlo económicamente?, ¿Cuantos intentos hizo para vender o colocar bien sus cuadros?. Pero ni este sentimiento grande y sincero de Theo por su hermano lo salva. Antes de la bala en el pecho que lo llevaría a sucumbir al sueño eterno, su corazón ya estaba herido y naufragando en una lejana isla de desidia para vivir.
Su mano no tiembla, dispara; y aún en el final logra tener fuerza para esperar a Theo y despedirse.
Vicent Van Gogh trasmuta en color esta discontinua voluntad para vivir. Presenta su entorno real y psíquico en plenitud. Sus autorretratos son evidencia consustancial de su personalidad tan divergente de las restantes, pero para ser único, hay que ser disidente del mundo. Miremos a sus ojos en estos autorretratos y afirmaremos aquel decir popular de “los ojos son el espejo del alma”.
Sea por personalidad o enfermedad, en el retrato que le hiciera Gaugin se reconoce como un loco, no puede dejarse de lado su gran potencial artístico-sinuoso de interioridad mágica. Es su mana. La atrapa y transporta a la pintura. A veces, su cuarto, otras unas simples botas, o quizás una noche estrellada, donde él encuentra plenitud.
Vicent Van Gogh es… Vicent Van Gogh.
Dheyby Yolimar Quintero
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