TRANS.OBJETIVIDAD ESTETICA. Libertad para un metarrelato: la belleza en el arte

Dheyby Yolimar Quintero Sivira
Venezuela

Las artes plásticas a lo largo de la Historia del Arte son manifestaciones físicas de las ideas de la humanidad y estas ideas son presentaciones de sus necesidades existenciales. El ser humano al darse cuenta de que existe, se atemoriza ante lo que tiene presente y lo incognito de su futuro. En un primer momento, asume al maná de la naturaleza como resguardo a sus inquietudes, luego lo llama Dios. Ambos le aportan sustancia para en un primer momento dirigir su teckné a la ejecución/creación de lo que denominamos arte. Pero el mismo hombre que primeramente siente la necesidad de protección y recurre a las deidades para acallar a su temor, en un proceso de siglos y de adelantos científicos, se va sintiendo seguro en sí mismo (con o sin razón) y se va de lo originario de su aprensión para deslastrarse de la prepotencia de su superioridad ante todo aquello a lo que anteriormente rendía pleitesía. Las ideas básicas de lo que se consideran las primeras manifestaciones artísticas prelan a conceptos primigenios creados bajo el temor, convirtiéndose en manifestaciones psicológicas de sus propias soluciones. Diciendo esto a través de una metáfora es como cuando alguien está a punto de caer y busca equilibrio. Esto en la plástica, es la representación de la triada belleza-bien-verdad aristotélica, siendo la belleza el ítem que asume irresolublemente las otras dos.

No es tarea, definir aquí a la belleza que podríamos cuestionarla igual que al arte. Estos dos, son nociones culturales de difícil conceptualización, por no decir que imposible; en un concepto universal y único. El formato cultural-ideológico-filosófico de cada pueblo es lo que dará imagen visual de ella. Lo anteriormente dicho está representado a través de todo el dossier artístico universal. Cada obra de la que hoy consideramos arte en algún momento se ha confrontado a la estipulación de que es bella o no. Lo cual en realidad para nada le degrada su valoración estética. Ella en su autonomía universal a saltado a la palestra a través de su superación a los términos humanos para con ella. Es así como en la modernidad y la posmodernidad artística, se evidencia a gritos que el término con el que la sociedad considera debe revalidarse el arte, es autónomo. Tanto la modernidad como la posmodernidad son momentos de crisis, pero no del producto artístico sino del hombre que lo genera ante su cuestionamiento sobre el arte y la imagen que percibe, a través de su realidad vívida y cognitiva.

Distintas ideas atan a este hombre creador de objetos y espacios artísticos a lo estético, a lo conocido y a su moral. Pero ambos suceden en dos períodos cronológicos diferentes. En el primero el hombre está determinado en las vanguardias o en las neovanguardias de ruptura contra lo que se le ha estipulado en los conceptos vida y arte y entre estos a la idea de belleza. Promueve la muerte del arte. Pero no se refiere a la muerte en la desaparición del mismo, sino a la muerte de paradigmas. Es un ser revuelto en la expiración de la posguerra, que se mueve a través de sus manifiestos artísticos cual acta de defunción. Sus manifestaciones artísticas hacen gala de la técnica. Los manifiestos son vitales para darse o por lo menos tratar de hacerse conocer y tumbar los grandes ideales estéticos.

El formalismo e historicismo de la modernidad hasta mediados de los años 60 pervive de estrategias de rupturas anteponiéndose a lo conocido en su diferencia. La imagen deja de ser la clásica, eso se pretende y con esta pretensión la belleza cae, con el peso de la magnitud de su antónimo. Es el momento de la proclama de la antigaleria y antimuseos que Duchamp propulsa luego de que su “fuente” sea rechazada.
Él mismo se expulsa del Salón de los Independientes. Es el espacio artístico-tangible de ese momento que no llena expectativas o quizás sea el espacio interior-intangible del artista que no resiste tanta vaciedad pintada en lo bello. El reto y la provocación es arte para ese momento, consciente o inconscientemente la imagen y el hecho artístico en el arte se distorsionan, se desacraliza. Una fuente utensilio diario de los fluidos del cuerpo humano es ahora continente y contenido de la propuesta plástica, fragmentando e inutilizando los conceptos ya conocidos. Pero ante este arrebato de los primeros hombres-artistas del momento de las vanguardias, hay acuerdos, la unicidad sigue adelantada, es homogéneo y la pugna entre las normas estéticas existentes para el momento y las que buscan en el arte estrategias de comunicación y de consumo, deliberan en sus fácticas presentaciones a las masas, puesto que el arte que anteriormente era para privilegiados ahora es producto mercantilista. Es la imagen estética lista para consumir.

El segundo momento, engendra un hombre impávido al hecho de la muerte y no posee perjuicios dogmatismo. Es libre para la vida, para la sociedad, para el sexo, para los valores… es libre total. Del hombre del ritual se ha pasado al hombre de la orgía, para él todo es válido. Sus manifestaciones artísticas hacen utopías posibles, ya nada es irrealizable, todo va más allá de la realidad, se produce lo que Baudrillard denomina hiperrealidad.

Con la posmodernidad ocurre la implosión de la desconstrucción, es descomponer lo existente y en base a los mismos elementos volverlos a construir…. Que más se puede hacer todo se ha hecho y los inventos o creaciones artísticas que vienen a partir de este momento, solo son sucursal de algo ya experimentado. Existe la pérdida de los metarrelatos, de la unicidad y de la belleza. Ocurre la pluralidad y en ella la libertad en toda la extensión del significado. Una libertad que es mucho más que ella, se ha traspasado a sí misma.

Beuys y su liebre muerta, es la mejor metáfora de lo que ocurre ahora. El artista le enseña el arte a quien está muerto, pero ¿le hubiera entendido de estar viva? Nunca. En ambos casos da igual, para que explicar. Ya no más manifiestos. Lo ha suplantado la transversalidad del sujeto actual.

Con el arte posmoderno llega el momento de la estrategia del retorno, de la simulación que se hace necesaria en la reproducción de muchos valores artísticos. Dicho de otro modo es eclecticismo puro, copia, apropiacionismo, reduplicación, parodia, falsificación o neoestilo, total dicho como sea es lo mismo. ¿Qué va a crear ya este segundo hombre, si todo se ha hecho? Ya no es la producción ahora es la re-producción artística que se repite en todos los requerimientos plásticos. ¿Pero esta repetición de la estética pasada también es un retorno a la idea de la belleza? Nada es nuevo solo renovado, las modas, la música, el arte… Eso sí, hoy el arte puede ser cualquier cosa por no tener un canon ni un valor deontológico. No posee código único, es heterogéneo. Todo es posible. Ocurre la trasgresión de valores. Antes se hablaba de la muerte del arte y en el arte. Ahora la muerte está representando arte. Podemos tomar un ejemplo literal de esto en la exposición del Dr. Gunther von Hagens y su plastinición de cadáveres lo que acelera la semiótica del hombre actual en un ser sin conceptos puntuales y los existentes cambiantes constantemente. Los cuerpos no son re-presentaciones son de verdad y como verdad sustituyen a la obra. Es la nueva imagen del arte. Si Duchamp nos presentó un urinario que era real y útil y lo sacó del contexto para involucrarlo como elemento artístico donde su utilidad se pierde, ¿Cuál ganó?, ¿Conquistó alguna utilidad en el arte?, refiriéndome al objeto en sí. El arte en realidad no tiene función lógica al mundo. Pero cambia la versión y con ella cambia la estética.

Volvamos a los cuerpos humanos del Dr. Hagens ¿los cadáveres que utilidad nos da? ninguna, a menos que sea en un laboratorio científico, pero; han recibido ahora una función como nuevo objeto artístico no importa que se entienda la obra, que se enajene el espectador, total pareciera que fuese ese su espacio de acción, refiriéndome al público; siempre a lo largo de la Historia del Arte consideremos que esa fue su función, asustarse ante las nuevas plástica emergente, sino para no ir muy lejos, recordemos la famosa obra del artista Piero Manzini de 1961, titulada Mierda del artista, causo alienación. O será que el aura del arte, si tomamos el concepto como lo manifiesta Walter Benjamín, cuando lo expresa como la manifestación irrepetible de una lejanía, por cercana que pueda estar, se ha posado sobre el artista en su debilitamiento y lejanía de su inspiración y genio.

En este momento existe una obsesión si se puede llamar así por la traspolación de lo irreproducible tecnológicamente. Al cuerpo vivo o muerto y a sus fluidos. El artista ha llegado a la fase fractal, sus pensamientos, sus hechos, sus obras, sus cuerpos. Todo lo que él anteriormente pudo haber creado a perdido valor en la pluralidad, de seguro alguien ya lo ha realizado, lo ha dicho o lo ha creado dentro de los valores existentes. Lo único que nadie, aun ha podido lograr, es la vida, como producto humano. Pero el hombre lo intenta en sus investigaciones científicas. Dolly es muestra del deseo escindido de lograrlo. Mientras el arte sigue propugnando su vida a través del Dictum de Marshall Mc. Luhan, “el medio es el mensaje” perfecto en Orlan, cuyo cuerpo es la simulación de la realidad, su espacio y al mismo tiempo su objeto plástico, solo interesa su imagen, versión trascendental del arte actual donde la belleza se regodea de la ignorancia y el temor del público neófito en donde aún pervive resabios del hombre primigenio temeroso de su acontecer y que en círculo vicioso procura la belleza en el arte para no temer a su futuro.

Comentarios

  1. "La fuente"
    Esta obra, su imagen, define la Cultura Visual de nuestros tiempos. Es el cáliz del Sagrario del Arte Moderno a nuestro momento cronológico. Rompe los parámetros comunes y "aceptables" para ser un artista y de sus espacios. Quebranta la Tríada Aristotélica que primaba el arte anterior que aún cuando; algunas rompían ya el cristal de la belleza para asumir otra noción estética, eran el continuum de lo valedero y de lo aceptado.
    *Marcel Duchamp* crea la nueva religiosidad artística. La exoneración de lo "sano", de lo entendible a través del rezo de la muerte del arte de Hegel. Una muerte que asume una reencarnación plástica atípica pero que innegablemente describe el ahora de una sociedad nueva que no se reconoce, por miedo, en lo que el arte refleja. El arte SIEMPRE es reflejo de la sociedad y de la época de su creación...

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  2. "La fuente"
    Esta obra, su imagen, define la Cultura Visual de nuestros tiempos. Es el cáliz del Sagrario del Arte Moderno a nuestro momento cronológico. Rompe los parámetros comunes y "aceptables" para ser un artista y de sus espacios. Quebranta la Tríada Aristotélica que primaba el arte anterior que aún cuando; algunas rompían ya el cristal de la belleza para asumir otra noción estética, eran el continuum de lo valedero y de lo aceptado.
    *Marcel Duchamp* crea la nueva religiosidad artística. La exoneración de lo "sano", de lo entendible a través del rezo de la muerte del arte de Hegel. Una muerte que asume una reencarnación plástica atípica pero que innegablemente describe el ahora de una sociedad nueva que no se reconoce, por miedo, en lo que el arte refleja. El arte SIEMPRE es reflejo de la sociedad y de la época de su creación...

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