Cada artista significa y trasplanta a sus obras un universo interno que lo identifica, lo representa y lo define. Esa interioridad que es sacada y reflejada en la obra es lo que llega a nosotros y es a través de ella que se hace posible que lo identifiquemos.
Al observar una construcción de Antoni Gaudí, inmediatamente nos evoca a él, de forma que no entra confusión alguna para la identificación de su trabajo artístico y es justamente su pensamiento, su vida e ideas artísticas la que son materializadas en la piedra, la cerámica y el hierro forjado a través de su máxima arquitectónica que es la funcionalidad junto a la mimesis del entorno paisajístico el cual expone a través de las formas que acoge, lo que da como resultado una arquitectura que sin duda alguna puede catalogarse como escultura arquitectónica orgánica.

Hablar de Gaudí, confronta la singularidad de un personaje contradictorio a su tiempo y tan único que quizás no tenga parangón alguno para enmarcarlo y encasillarlo en los límites de un estilo; puesto que él, rompe los estilos históricos concibiendo un nuevo lenguaje plástico, adaptado éste a los requerimientos de su creación para la funcionalidad que tanto preconizaba y que era lo que degeneraba en la belleza de su obra. Fernando Chueca Goitia se refiere a él como el “más grande artista español entre Goya y Picasso (...) del que no es fácil de hablar, por tratarse de un hombre muy complejo y por las circunstancias que rodean su vida (...) está más allá y más acá de la arquitectura”
Sus influencias son orientales, medievales, barrocas, expresionistas, populares, eso sí, involucradas en el rasgo naturalista tan latente en él, y de donde se percibe las formas fundamentales de su ornato.
La figura de Gaudí está en completa actualidad motivado por sus creaciones plásticas más que por sus conquistas técnicas en la arquitectura.
ANTONI GAUDI, ¿GENIO O...?
Antoni Gaudí Cornet es una de las personalidades más originales y complejas del panorama arquitectónico español y universal. Nacido a mediados del siglo XIX, el 25 de Junio de 1.852 en Reus, en el seno de una familia humilde y donde el oficio familiar por línea paterna era el de caldero, dedicados a la construcción de objetos de cobre y otros metales que luego moldeaban a fuego. Indudablemente esta parte de su infancia, ayudando en la forja del hierro y aprendiendo a la vez la carpintería en los talleres de Eudaldo Punti colaboraría en su futuro artístico. Pero su niñez no sólo fue para aprender estos oficios, también se vio en la necesidad de luchar contra su enfermedad reumática que lo acompañará durante toda su existencia y que en su infancia mutiló el ritmo de vida como era pertinente a cualquier niño de su época. Por prescripción médica practicaba largos paseos en los campos de Tarragona, creando esta circunstancia en él una aptitud observadora del paisaje natural, el que disfrutaba y que indudablemente se visionara en su trabajo arquitectónico.
Siendo aún escolar de Reus se sentirá atraído hacia la arquitectura la cual impondrá luego como fin máximo de su vida y por ello, parte a estudiar a Barcelona en el año de 1.869 cuando sólo contaba con 17 años. La praxis siempre lo acompañará y mucho más motivado por el hecho que debió de trabajar como ayudante de algún despacho de arquitectura para poder sustentar sus estudios. Desde siempre en sus trabajos todo lo planteado por él era estudiado y experimentado previamente, no improvisaba nada.
Al culminar su carrera, presentó como proyecto final un portal de un cementerio por el cual el director del Departamento de Arquitectura Elies Rogent no sabía si estaba examinando a un genio o a un loco , según sus propias palabras. Su personalidad excéntrica si se quiere, a lo que socialmente era aceptado, hacía de Gaudí un personaje particular no por lo diferente sino más bien por lo insólito de su creación que no se acomodaba a las normas que estaban establecidas.
Para este momento Europa y por ello España se encontraba tras la búsqueda de nuevas formas dentro del arte y donde la arquitectura no era relegada.
Las ideas del romanticismo impregnaban el ambiente artístico en todos los campos, formulando una búsqueda en el pasado, pero no en el clásico sino en el medieval, en el nacionalismo y por supuesto en la subjetividad que llevada a Gaudí le daba pie a representar lo que interiormente era y debía ser según él, una construcción arquitectónica que dentro de los requerimientos básicos formales debía representar una comunión lógica con su entorno. Estas pautas las observaremos en cualquiera de sus etapas a lo largo de su obra.
La búsqueda en el pasado específicamente medieval creó en él un eclecticismo en la concepción de su obra, pero esta circunstancia también era común en las corrientes de moda, donde el gótico vuelve a renacer como icono. Se da con esto, la creación de un nuevo estilo ornamental raíz del Art Nouveau .
El nuevo gótico llega pleno de formas particulares llamando la atención de este artista, incitándolo al estudio pausado y detallado de sus formas y elementos y basándose en ellos, crea nuevas soluciones. El gótico resolvía los empujes de arcos y bóvedas con contrafuertes y arbotantes a los que Gaudí denominará “muletas” por su función de sostén de los edificios y los modifica disponiendo su eje coincidente con la recta de la resultante, manifestándose así en la práctica su apego a la concepción de estructuras sin empujes.
El Art Nouveau suma en un solo arte el diseño gráfico, la pintura, la música y otras artes considerándose una unidad total. Cataluña siguiendo el ritmo de Europa toma la nueva ideología y Barcelona siguiendo lo mismo se dirige al despertar de una identidad mucho más fuerte, propia y característica. España se afirmará como ente artístico.
La nueva expresión artística en medio y a través de su dispersión económica, industrial y cultural llevará de nuevo hacia la artesanía que en la arquitectura marcará la ornamentación de ésta. Esta ornamentación será tomada de la naturaleza en el modernismo.
“...La curva larga, sensitiva, evocadora del tallo de un lirio, de una antena de insecto, del filamento de un capullo o, en ocasiones, de una llama sutil, la curva ondulante y fluida que, entrelazándose con otras, brota de los rincones y cubre asimétricamente todos las superficies aprovechables.”
Los mosaicos coloridos, el hierro forjado, las decoraciones florales y animalísticas de la cultura española caracterizaran en su totalidad la obra artística de Antoni Gaudí, el cual la utilizará excesivamente para adentrar su construcción al ámbito paisajístico de su actualidad personal y nacional.
Gaudí se suma a este modernismo español pero adaptándolo a él, creando un nuevo sistema arquitectónico, haciéndole intemporal, tan lejos y cerca al mismo tiempo de las corrientes estilísticas de ese momento y en general de toda época, convirtiéndose en un maestro que podría ser tanto un medieval vanguardista como viceversa. Lo moderno lo relaciona mayormente en el logro y utilización de lo curvilíneo y sinuoso, en no diferenciar lo ornato a la más compleja solución estructural. Esto solo tenía por fin, según palabras de Daniel Giralt-Miracle que el de hacer una “obra de arte total” .
En el año 1.853, el inglés John Ruskin expresaba que “El ornato es el origen de la arquitectura” . Lo que se manifestaba en toda su extensión y literalidad la arquitectura de Gaudí. Sin duda alguna, este artista fue un innovador y evolucionador de su propia obra y según palabras de Alexandre Cirice citado por Giralt-Miracle “fue un pintor abstracto sin ser consciente de ello” igual continua diciendo que “posiblemente murió sin darse cuenta del hecho extraordinario de lo precursor de su creatividad en la plástica no figurativa” . Sus innovaciones, el mismo Gaudí las justificaba según sus propias palabras: “mis ideas estructurales y estéticas son de una lógica indiscutible”
Lo audaz de su pensamiento para la época en que vivió le acarreo muchas veces la falta de reconocimiento por parte de los organismos oficiales, situación que lo desalentará y frustrará; lo cual llegó a declararlo en diversas ocasiones. La única vez que recibió una mención honorífica fue debida a la Casa Calvet. Esto, quizás debido a ser esta una de sus creaciones más convencionales. De hecho los encargos que llegó a recibir de origen oficial fueron casi nulos. Entre ellos se encuentra un pequeño proyecto que le fue encargado en febrero de 1878 y que consistía en el diseño de una farola. Pero, si esto ocurrió en el ámbito oficial, en el otro lado de la línea, los encargos privados por mecenas fue todo lo contrario. Quienes estimaban y daban sumo valor a las creaciones arquitectónicas de Gaudí fueron sus protectores privados y entre ellos y el más conocido Eusebi Guell i Bacigalupi . Los elogios que necesitaba su ego creador se concentraban en ellos.
Gaudí es un prolifero artista, un genio innato, cuya creatividad siempre estuvo en praxis en la manifestación de numerosos proyectos muchos de los cuales no llegaron a llevarse a cabo.
LA GENIALIDAD DE SU OBRA
La arquitectura de este artista es una mezcla de lo pasado y lo moderno, una conjunción que sumada resulta en un esplendor idealista, reflejo puro de su visión formadora de la materia dentro del espejismo de su imaginación.
De la vida de Gaudí se conoce poco pero quizás por esto se debe que todas las obras que de él tratan, de diferentes autores, resulten mayormente monótonas. Su personalidad no era muy locuaz y no escribía. Sólo se conoce un artículo que publicó en 1811. Lo que ha llegado a nosotros de sus ideas y pensamiento fueron recogidos por sus discípulos tales como Juan Bergós y el arquitecto Cesar Martinell . Isidro Puig Boado escribió un compendio titulado El Pensamiento de Gaudí (1976) donde recoge las frases del artista.
Sin embargo, podemos hacernos una idea de la evolución de su pensamiento por lo menos en lo que respecta a sus trabajos arquitectónicos a través de sus obras y de lo que se percibe por etapas. Una primera que podemos definir como historicista y que estará enmarcada cronológicamente a partir de 1.883, fecha en que comienza a trabajar en la construcción de la Sagrada Familia hasta 1.900. En esta encontraremos las construcciones de la Casa Vicens, el Pabellón Guell, el Capricho, el Palacio Guell, la Casa Calvet y Bellesguard.
En el segundo momento artístico de este arquitecto vamos a encontrarnos con construcciones mucho más atrevidas, modernas y podríamos afirmar que son mucho más personales. Así tenemos a la Casa Batlló, la Sagrada Familia, la Casa Milá (La Pedrera) y el Parque Guell.
Toda su obra se verá marcada por el ahínco de encontrar formas estructurales plástica propias que son lo que se define como estilo “gaudiniano” y que trasmite su modo de ver la arquitectura y donde sin palabras se perciben sus ideas a través de construcciones absolutamente inéditas.
Gaudí utiliza en sus creaciones el collage, el assamblaje, el trecandis, las formas dinámicas y las superficies ondulantes. No se propuso hacer arte, sino formas funcionales y útiles. En sus constantes observaciones de la naturaleza comprende que ésta no crea formas de artes, sino elementos útiles y funcionales. El buscar la funcionalidad en las obras era sinónimo de terminar encontrando la belleza. “La belleza es el esplendor de la verdad, sin la verdad no hay arte” . Para él era fundamental que la obra se ciñera a lo necesario de la realidad.
“Para que un objeto sea altamente bello es necesario que su forma no tenga nada de superfluo, sino las condiciones que lo hacen útil, teniendo en cuenta el material y los usos a prestar. Cuando las formas son más perfectas exigen menos ornamentación”. Gaudí
Esto lo predicará en todas sus obras y por ello constantemente repetía que “el arte es hijo de la naturaleza” y que la afirmación realista del mundo y de la vida debía aplicarse a esto.
En sus estudios de la naturaleza capturó sus secretos y en su percepción respaldo la concepción orgánica de su arquitectura. Le Corbusier diría que Gaudí había creado más allá de su propia poesía la arquitectura orgánica moderna. Lo orgánico lo toma de la naturaleza la cual no tiene líneas rectas, donde las formas naturales no tiene solución de continuidad y que no responden a una geometría concreta. Es el paisaje del campo de Tarragona y de su naturaleza que se suman en una comunión cuasi exacta de lo que Gaudí busca interpretar en la manifestación orgánica de su arquitectura, en la unión de lo artesanal del recuerdo de su niñez familiar que lo inicia a visualizar el espacio en su totalidad física y sensorial y así: dirá “yo tengo esa capacidad de ver el espacio porque soy hijo, nieto y bisnieto de caldereros (...), es decir, gente del espacio y de la situación”
EL PAISAJE RELIGIOSO DE GAUDÍ
Cuando en el atardecer del 7 de junio de 1.926, fue encontrado luego del accidente que le produjera la muerte tres días después, Antoni Gaudí llevaba consigo el evangelio, los libros de la liturgia y el misal romano. Hecho notable por haber profesado en su juventud de una gran antirreligiosidad para luego sucumbir en una fe ferviente que lo marcará por el resto de su vida y que reflejará en forma vehemente su obra la Sagrada Familia iniciada desde finales de 1.883 y en la cual trabajará hasta el día de su muerte. Ésta será su mayor afirmación de fe. Es, como dicen, su catecismo de piedra.
En la Sagrada Familia busca consolidar la perfección desde lo más mínimo, paralelo esto al modo constructivo de las grandes catedrales de la época medieval. Será este un arte reflejo humano de Dios. Este templo quiso significar una ofrenda a lo divino. Los primeros estudios para el templo lo realizó en el estilo neogótico, propio de la época y predominante en el paisaje cultural de la ciudad. Luego manifiesta la tendencia personal y orgánica en el ornato donde las formas humanas, vegetales y animales que utiliza, nacen para hacer abandonar a la piedra la inmovilidad en la que está sumergida y llevarla a un movimiento acorde a las necesidades espirituales y estéticas necesarias para dar énfasis al entorno natural en que está sujeta la estructura. Las enormes torres de la catedral, construidas en espiral, ratifican el amor de Gaudí por las líneas curvas de las que estaban plagadas el entorno.
El amor por el paisaje natural de su ciudad lo trasmitirá al sentir religioso para trasmutarlo en lo tangible de su quehacer. Gaudí pensaba que la naturaleza era obra de Dios y de ella se obtiene las formas arquitectónicas perfectas por estar sujetas a la perfección divina, a lo primigenio de lo sublime, al que solo se llega en la búsqueda de la originalidad al volver al origen.
La religión hecha materia se confronta en las creaciones de Gaudí aun cuando no sea precisamente la ejecución de una iglesia. Para él Dios es belleza y verdad, por lo que pretende manifestarlo en cualquiera de sus obras. Es su religiosidad la que se muestra en la figuración de un entorno cultural preciso de su país.
LA PIEDRA HECHA PAISAJE
Cuando se observa la arquitectura de Gaudí en su resultado final nos maravillamos del efecto estético que produce y mucho más cuando el efecto es logrado tan solo con materiales comunes como el ladrillo, la cerámica y el hierro forjado. De elementos simples lograba abstraer lo hermoso, no fiándose de lo aparente llevaba a los materiales a convertirse en lo extraordinario que su propia naturaleza les permitía. Esta visión le premiaba con resultados que a otros les era imposible lograr, no por desconocer ellos las posibilidades de una materia y los procedimientos para trabajarlas, sino por la ceguera de no querer ver más allá de sus conocimientos adquiridos en libros y dirigirse directamente a los que se encuentran tácito en el propio terreno del paisaje y propiamente en los materiales.
Su gran don como ser humano y artista fue el apremio que tuvo en y sobre la naturaleza la cual miró sin prejuicios. Mucho menos tuvo juicios profesionales que le pudiera restar a su observación la comunicación que se presiente en el resultado de sus trabajos arquitectónicos. Sus soluciones técnicas las lograba de esa misma observación de la naturaleza. Muestra de ello fue en la ocasión en que unos visitantes a su taller le inquirieron sobre de donde encontraba su inspiración a lo que él respondió:
“¿Quieren saber dónde he encontrado mi ideal?...Un árbol en pie sostiene sus ramas, éstos sus tallos y éstas la “¿Quieren s hojas. Cada parte aislada crece en armonía, sublime desde que el artista Dios la concibió.”
La conjunción que hace del paisaje y el resultado que logra en sus edificios a través del mimetismo con la geografía del lugar, termina en una dialéctica fluida de ambos que se presiente y se observa fluir en lo lúdico del efecto final.
El reflejo del paisaje en la obra de Antoni Gaudí no sólo es el que se refiere al natural, va mucho más allá, es el reflejo del paisaje cultural de la sociedad española. Sus tradiciones, sus mitos, su religiosidad todo está en la confluencia de un solo ente que no es otro que la construcción final, la cual no sería lo mismo y no tendría sentido, sino conjugara armónicamente en un todo, en el conjunto total de las emociones que se emana en ella y de su gran apego a su sentir local nacional. Por ejemplo, en la renombrada “Puerta del Dragón” en la Finca Guell; Rainer Zerbst es de la opinión que puede estar inspirada en el mito de las Hespérides .
En su arquitectura dio a las líneas curvas y a las superficies ondulantes un lugar preponderante a través de contorsiones de paredes y muros, las bóvedas de estalactitas, los falsos árboles muertos de hormigón y todo lo que tomara del paisaje para representarlo tenía una razón valedera de ser para solucionar situaciones funcionales.
“...El papel desempeñado concretamente por Gaudí como precursor, no ya de las formas propias del arte vanguardista del siglo XX (escultura abstracta) sino de la arquitectura orgánica y, más aún, de lo que a nuestro entender, habrá de ser el estilo de los próximos decenios...”
Gaudí convierte los elementos de forma mágica en elementos orgánicos con alma propia, donde solo pareciera hacer falta para la concreción de vida un soplo del creador. El artista crea un edén particular en cada una de las zonas que toca, es el paraíso terrenal, el paisaje idílico. Ejemplo de ello lo podemos ver en el Palacio Guell donde las originales chimeneas y torres siembran de cipreses pétreos el tejado. En la Cripta de la Colonia Guell pareciera recrear la primigenia caverna y donde se deja influenciar indudablemente del paisaje del entorno. En el Parque Guell la figura de una gran serpiente multicolor se hace funcional para la creación de un banco. En esta última obra el origen artificial no desmerece al resultado que se termina proyectando en un paisaje a todo color, donde su creador se acomodó a los desniveles del sitio, sin intentar ni siquiera en transformarlo, todo lo contrario; hizo uso de ellos aprovechándolos. Pareciera, que en lugar de servirse de las vicisitudes que planteaban sus construcciones, fueron estas la que consciente de quien era este hombre lo guiaron y en lugar de ser uno solo el genio creador, la comunión de la sabiduría - natural de Gaudí y la de la natural - sabiduría del paisaje, hicieron de las suyas.
“En la Casa Batlló y en La Pedrera no existe la línea recta, como en la naturaleza. En la Sagrada Familia la nave central se sostiene sobre estructuras arborescentes ya que Gaudí solía comparar las columnas con los árboles y los capiteles con hojas. En La Pedrera, uno de sus edificios más orgánicos, quiso convencer a los residentes para que llenaran los balcones de plantas enredaderas, que dieran la sensación de un edificio vivo, integrado por partes independientes y palpitantes... La Naturaleza en las artes. Los árboles, las montañas, las flores, los animales “
CONCLUSIONES
El pretender dar conclusión en palabras de una concepción artística como la de Antoni Gaudí, sólo puede crear la disolución del verdadero ser de ella. Es querer ser juez de un universo que escapa a nuestro saber. En un mismo tiempo se manifiesta un caos y un orden que se contraponen y en el mismo instante se superponen, se unen y se desligan, todo sin fin premeditado y de tenerlo, solo es comprendido en lo más infinito del alma de su creador.
Gaudí tantas veces incomprendido por aquellos que pretenden encasillar todo en sus propios ideales y sobre su pretendida intelectualidad sugiere reglas a seguir donde creen que deben manifestarse todo sentir artístico ajeno, sin percatarse, o quizás sí, que este gran maestro lo fue por ello mismo, por crear y no por copiarse sus ideas. Fue Gaudí no sólo un artista en la arquitectura, fue un escultor del edificio que construía, un diseñador del espacio paisajístico y no hay que dejar de decir por estar palpitante en su obra, un poeta que escribe en y a través de los materiales que utiliza para la formación de su sentir y pensar artístico
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