Luego de la victoria del ex Presidente venezolano, ahora difunto, Hugo Chávez Frías, en las elecciones del año 1998 se diagramó en el país un perfil politiquero a todo espacio público y privado, donde sin lugar a dudas el que corresponde a lo gubernamental no sólo se empapó, sino que se ahogó de partidismo politiquero. Esta situación mermo la participación abierta y realmente democrática del libre sentir, pensar, acción y desarrollo profesional de los trabajadores, al igual de oportunas y realistas visiones y misiones de los organismos públicos. Todo esto para circunscribir o por lo menos pretender hacerlo, a toda la nación en la unificadora ideología de un gobierno personalista, nada democrático y mucho menos efectivo.
A todas luces, hoy se vivencia la misma situación en la secuencia maligna de la idéntica actitud y de las mismas prerrogativas del ahora Presidente hijo/heredero, que continua infectando la diafanidad heterogénea de los pareceres y profesionalidades que debe prevalecer en todos los extractos involucrados en el funcionamiento de un país.
El ideario del plan del gobierno revolucionario (fábula, Ab absurdo) se ha enmarcado y afianzado en representaciones de un imaginario económico, cultural, educacional y político cuya hegemonía se centra con linealidades muy extremas bajo el poder de la violencia y de la imposición, canon de trabajo del ejecutivo para con el pueblo en general.
El pueblo venezolano coincidente con la máxima de Terencio: Quod hóminet, tot sententiae se ha deformado, en mi visión personal, bajo dos miserias. La primera, de la incapacidad de pensamiento crítico que revalide su nacionalismo más allá de flamear una bandera de patriotismo sucia y vacía y que aún palpando las realidades expuestas en la cotidianidad misma, viven profusos de alimentarse del ideario partidista por verdadera adhesión, de esos quedan pocos, y otros de alimentarse de los frutos de la corrupción donde conscientemente son participe. Pueblo, que sin conciencia ciudadana viven del Pánem et circenses.
El otro lado del pueblo al que me refiero, es el que se reconoce en las palabras con las que se les tilda desde el gobierno: escuálidos, apátridas, opositores y otras pero siempre desmerecedora de nuestro gentilicio, y son los que viven en el anhelo de salir pronto de la mala situación del país. Algunos vociferan y luchan, otros vociferan pero están adormecidos y otros que sólo callan y se esconden. Estas dos últimas partes solo recriminan, exigen y esperan que unos pocos defiendan lo que a ellos también les corresponde luchar. Este otro lado de la moneda, sufre de lo imperante llámese hambre, mala calidad de salud y educación e inseguridad. No es que el “otro pueblo” como se han auto segregado no la sufra, porque claro que sí, pero su pobreza mental no lo acepta aunque estén presente en sus propias vivencias las carencias de lo que debería ser un espléndido país según los evangelios del régimen.
Siguiendo con el pueblo que se identifica con la búsqueda de un mejor país y que ahora añora y reconoce el statu quo de la Venezuela ahora definida Cuarta República, que seamos claros, engendró la parasitosis ciudadana que hoy es común; ese pueblo tiene dos procedencias. Una parte, heredada del primer grupo que ahora abren los ojos y aceptan su equivocación y la otra, que nunca simpatizo con la Revolución pero son aquellos que al inicio de esta pesadilla opinaban que no era problema de ellos o que si no trabajaban no comían por lo que no se involucraban en política. Hoy día, muchos de ellos son desempleados, sub empleados o son mal pagados bajo la bota de la práctica laboral politiquera.
Bien, este porcentaje aprendió en la piel que la política, y no la politiquería demagógica, barata y corrupta, es inherente a cada habitante de un país porque de esa política depende para bien o para mal todo el funcionamiento de la Nación y de sus ciudadanos.
A lo largo de todos estos años de la tan nombrada Revolución, el país ha estado circunscrito a dos mandatarios cuyos perfiles no se ajustaban a las necesidades de progreso y gerencia de los recursos económicos de los venezolanos.
Es seriamente relevante que el perfil de un Presidente no provenga de las filas de un uniforme (hay que aprender de la historia) o de las colas que tiene en su currículo un chofer. Ambos sin capacidad, siendo la situación venezolana la prueba tangible y lo peor, ninguno sin amplitud de por lo menos rodearse de gente instruida y no de buitres que sólo buscan beneficios propios emulando a la cabeza mandante del momento. Sería interesante revisar los currículos de los personeros del gobierno los cuales de ser cierto (en un país que se duda de la autenticidad de la partida de nacimiento y por ende, de la nacionalidad del mismo Presidente por este no permitir la transparencia con solo mostrarla; es viable la duda de lo que sustenta cada currículo) no coinciden con las funciones que se les asignan así tenemos deportistas, periodistas, economistas y otros tantos, en Ministerios disímiles a sus posibilidades y herramientas profesionales. Aparte de que estos tampoco tienen el carisma y menos las ganas de cumplir con sus funciones en la honestidad en que deben hacerlo, olvidándose que solo son meros empleados y que su empleador es todo un país. Ministros que solo aplauden como focas amaestradas todo disparate que salen del Ejecutivo y todo aquel gabinete que sea extensión de este desastroso gobierno. Aquí cabe decir, Asinus ásinum frícat.
¿Pero qué? Un país de habitantes corroídos y adormecidos por lo que se les tira para callar sus consciencia unos, y otros que se rebuscan ilícitamente para soportar la situación. Estos últimos, ciudadanos comunes y de todos los colores de los partidos, bajo la excusa que “la cosa esa mal”, bachaquean para vender a sobreprecio a sus conciudadanos con el descaro que les da su moral elástica del que se queja de la corrupción del gobierno pero ellos mismos son parte de los males imperantes. Eso, es ahora la forma habitual de vivir. Otros, cierran los ojos y se prestan en silencio o por necesidad. Pero a la final lo definitorio de lo lícito y lo ilícito no se estipula en Venezuela en las leyes escritas, y mucho menos en el accionar del Poder Judicial. Es este el país donde se aplica Dat véniam corvis, véxat censura columbas
Ese pueblo, de ambas miserias, se ha visto arrastrado como las ratas del cuento del Flautista de Hamelin a marchas para cuidar sus empleos, concesiones o gallinitas de huevos que ya no son de oro, porque este desapareció de las arcas. Todo para que el poder de ese régimen represente televisivamente mares rojos (imaginario socialista, obsoleto e ineficaz) y así tratar de inocular a los ciudadanos de un aparente respaldo masivo. No sé qué es peor, usar este ardid o una parte del pueblo que cree que es cierto o el que se presta al hacerse tonto a las realidades de “estar bien”. Así, la bandera roja del régimen ha sido un léxico populista en la gastada, ultrajada, maltratada, violentada y herida a muerte; palabra “pueblo”.
Un país grande, inquebrantable, merece un pueblo humanista, honesto, pensante, con criterios que solo lo da la asertividad de una educación oportuna que bifurque los caminos del raciocinio y no empotre a éste en una sola visión. Que permita la diversidad de pensamientos y criterios y de aceptación en unos y otros, de otras ideas que aun no siendo las propias se reconozcan en ellas su poder de “verdad”. Un país con el don de la conciliación sin ni siquiera llegar a visionar que un pensamiento distinto te divide como pueblo.
Lastimosamente se ha implantado en Venezuela lo contrario, sobretodo en las Misiones e instituciones afectas al gobierno donde lo educativo solo es pantalla para el adoctrinamiento y, lo realmente educativo es lerdo y vacío que no colabora al desarrollo de las potencialidades futuras, auge y posicionamiento mundial del país en cualquier materia.
Hasta el segundo nivel de educación es obligatorio pasar de curso a los alumnos aun cuando no estén preparados ya sea por fallas curriculares, de la aplicación del currículo, por falta de interés o ética de los profesores, por las carencias de infraestructura escolar o las carencias que reprimen hoy al gran porcentaje de los escolares, los cuales finalmente están conscientes que a la final, pasaran de año.
En las universidades autónomas, que no han escapado al pernicioso parásito de la politiquería y de los desmanes y cierre de los recursos que desde el gobierno se les aplica por no prestarse éstas a sus manejos, ocurre que están llegando bachilleres no preparados en conocimientos básicos y mínimos que en mi experiencia son lectura y ortografía, no saben escribir ni leer, teniendo en consideración que leer va más allá de deletrear, es dominar las ideas con análisis. En estos bachilleres encontramos dos búsquedas contrarias de su fin al llegar al Alma Mater. Tenemos entonces un grupo que realmente aspira a prepararse y que pronto se frustra ante la mala calidad en que ha decaído esta educación, lo cual es un hecho innegable; por la politiquería de algunos profesores, por los paros (los que por supuesto son razonables, pero igualmente influyen en negativo para los que se preparan) por la poca ayuda o cese de estas; en becas, comedores y otros beneficios. Los otros bachilleres sólo quieren un título de 10 puntos sin esforzarse, sin estudiar ni cumplir con sus obligaciones académicas, algunos infiltrados en la politiquería que tiene este caos.
Finalmente y agregaría tristemente, los que se gradúan con méritos y son funcionales no encuentran campo laboral, mucho más difícil para el nuevo profesional que sea opositor y con verdadera vocación y ética de trabajo. De encontrar, los salarios y beneficios justos y acordes a los altos niveles de inflación del país es una utopía. Los que pueden emigran. Se habla mucho del éxodo de nuestra población y que ésta se va deseando no hacerlo por su amor al país, a ellos les digo: Ubi bene, ibi patria.
Venezuela es un país con HAMBRE, aun cuando en el sarcasmo del ejecutivo se diga que estamos “bonitos y rozagantes” y que esa misma ignorancia les haga manifestar que existe obesidad en el país para que esto se traduzca luego en que aquí se come mucho. La obesidad la da la mala, en nuestro caso la paupérrima alimentación. Un pueblo que corre desde horas de la madrugada a hacer colas de negocio en negocio en todas las ciudades del país CAZANDO los alimentos por ser esta la única posibilidad de encontrarlos a precio marcado, lo que llega a pasar ínfima veces. Muchos venezolanos se devuelven a sus casas luego de horas de colas sin productos porque NO HAY ALIMENTOS y otros airosamente y con una sonrisa que es de dolor con uno o dos productos. Aunque el gobierno vocifere la tarjeta alimentaria o las bolsas de comida casa por casa (puro realismo mágico que sólo llega a un minúsculo porcentaje de la población) son opciones que NO deberían de ser en un país como el nuestro donde cada vez la @FAO hace honores a la falsedad de la oportuna y abundante alimentación en nuestro país. A lo mejor a ellos si les llega alimentos venezolanos (los que nosotros no encontramos, ósea; TODOS) o por lo menos en moneda lo que cuesta la canasta básica y que nuestro pueblo no puede adquirir.
Todo eso aunado a la inseguridad en que se vive donde el habitante debe cuidarse tanto del ya conocido antisocial, cotidiano de nuestras zonas urbanas como del uniformado corrupto de cualquier fuerza que siembra, tortura, roba, asesina, secuestra, extorsiona al pueblo bajo lo que pareciera la impavidez de las cabezas de mando. Esto hace cavilar sobre la NO HONESTIDAD de los que “nos cuidan”. Puede ser que aun queden en estos cuerpos algunos que valga la pena sacarlos de la etiqueta de “delincuentes con uniformes” pero están desmoralizados y se han olvidado que al escoger estas carreras su decálogo priorizaba la moral y ética personal que debe empapar su trabajo. Somos un país con alto índice de violencia delictiva que agrede al primordial derecho humano: la vida. @OEA
Vida que se escapa amén de la inseguridad y del hambre, también por la falta de medicinas, recursos y centros de salud realmente acordes al bienestar de la población. La venta de la mala idea de los CDI y sus cubanos, que no están al nivel de los ya egresados de nuestras casa de estudios de salud, germinó en malas prácticas y profundizó las carencias que ya existían. Hoy, pacientes diabéticos, con cáncer, VIH, del corazón y otros mueren; pero en realidad hasta los que pica un zancudo mueren. Aunque enfermedades son pernicioso si se contara con los recursos apropiados se minimizaría las defunciones. Difuntos que tristemente hoy tampoco cuentan con urnas.
Somos un país cuyo sinónimo es tristeza y depresión. Siempre se ha divulgado que el venezolano es reconocido por su buen humor y que ese no ha cambiado pero sí, el humor venezolano a trasmutado a lo negro, a lo fatídico y hasta a la censura. ¿Quién no recuerda las parodias televisivas que se les hacía a los presidentes de turno? Algunas tuvieron reprimendas pero no al punto de lo que se vive hoy. Los dos últimos gobiernos venezolanos han impuesto Acta es fabula , pero sólo para sentirse únicos en esa faena, siendo la ironía ácida y que ultraja al venezolano de estirpe real. Las cadenas (secuencias disfrazadas d en los sketch de las parodias chistosas pero ahora de formato rojo) son eso; su forma y fondo son libretos risibles al tiempo que insultan la inteligencia del venezolano que si usa sus neuronas.
Sólo queda quizás privilegiar el funcionamiento del Ministerio de la Felicidad por ellos sugeridos, (¿quién más podría ser?), para tenerlos ocupados en algo que sí parece que los representa. Un ministerio surrealista, compendio de chistes malos.
Ante todo esto expuesto que es un sentir profundo, sólo queda vomitar al unísono con Cicerón: Quoúsque tandem .
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